domingo, 8 de julio de 2012

Apología de una mujer feliz

Caminaba en dirección a mi casa cuando comenzaron a caer algunas gotas de lluvia. Apuré el paso para evitar el aguacero. Mientras andaba, una tímida gota cayó sobre mi cara justo debajo de mi ojo, y comenzó a recorrer el mismo camino que recorrería una lágrima. Entonces, detuve mi andar, cerré los ojos, levanté mi rostro en dirección al cielo y me dejé cubrir por la incipiente tormenta: Me había dado el regalo de llorar tras haber olvidado cómo.

miércoles, 18 de abril de 2012

Cotidianidad cristalizada.

Mientras regresaba a mi casa de las compras, la puerta exterior de una casa que había en el camino se abrió en el momento exacto en que pasé frente a ella. Instintivamente entré. Limpié prolijamente todo, lavé la ropa, recogí la maleza que había en el jardín y preparé la cena mientras tarareaba una antigua canción. Cerca de las seis de la tarde, llegó el dueño de la casa. No tuve tiempo de explicarle nada: me saludó con un beso convencional y me preguntó cómo había sido mi día. Luego cenamos e hicimos el amor antes de dormir abrazados. Cuando desperté a la mañana siguiente, estaba sola. Me levanté, desayuné y salí. No bien estuve en la vereda, la puerta se cerró con fuerza. Volví a mi casa. Nadie preguntó el porqué de mi ausencia. Hoy vi en el supermercado al dueño de la casa. Me miró sin reconocerme y siguió su camino. La puerta no se ha vuelto a abrir.

lunes, 2 de abril de 2012

En el fundamento del amor...

Confiando en cuán infinitamente él la amaba, ella puso veneno en su copa. No alcanzó a ver su final: Amando cuánta confianza había depositado ella en él, no le fue difícil matarla en pequeñas dosis de pastillas noche a noche, y verla cerrar sus ojos para siempre antes de verlo ella caer muerto producto del brebaje.