jueves, 6 de septiembre de 2007

¡¡¡Qué MieDo!!!

Ahora que reacciono en torno a todo lo que sucedió, no se me ocurre otro título para poner... Mi crónica comienza así:

¡¡¡Fui aSaLTaDa!!!


Esperaba en el paradero al bus que nos llevaría a mi amiga y a mí hasta nuestros respectivos destinos. Me había desviado de la ruta (la conversación era amena, y ella me pedía no tomar mi habitual recorrido, sino hacer un pequeño cambio que a ambas nos sirviera), y los terrenos en que me encontraba no eran de mi total (a decir verdad, ni siquiera mi mediano) dominio.


En medio de la tertulia, alguien tocó mi codo (el cual se sostenía en mi siempre rebosante mochila), y miles de ideas cruzaron fugaces por mi mente en cosa de segundos, mientras giraba para ver de quién se trataba ("es un saludo que muestra confianza... ¿quién puede ser? ¿un conocido? ¿aquí, a las 8:30 p.m.?")


... y giré...


Fue también en cosa de segundos que todo a mi alrededor se oscureció. Dos tipos comenzaron a tirar de mi preciado apoya - codos, y comprendí que no se trataba de un simulacro ni una operación Daisy: estaba siendo asaltada.


Mi amiga quedó pasmada, no pudo hacer mucho. Yo resistí el tirón, tiré en contra... otra eternidad de segundos. Caí al suelo y fui arrastrada por esos estúpidos, que no comprendían que yo no iba a soltar tan fácilmente lo mío. Finalmente, ganaron, y quedé en el suelo mientras comenzaron a correr. Mi amiga, aún pasmada, sólo atinó a intentar levantarme. No alcanzó a tocarme siquiera: me puse de pie y corrí tras ellos.


No obstante mi condición física y el cuidado que siempre doy a mi voz (desde que salí de la universidad que no le hago dos abdominales de corrido a nadie, y confieso que en mi vida he gritado a lo sumo unas 3 veces... odio desperdiciar mi gargantita), son dos comparaciones las que vienen a mi mente si se trata de reflejar lo ocurrido:


1.- Corrí como lanza
2.- Grité como varraco


Sí, Bloggeradictos... Lo que nunca deben intentar en sus casas (XD): Corrí tras los tipos y les grité (ingenua) pidiéndoles que me devolvieran mis cosas (que a todo esto, consistían en: la mochila que servía de descanso para mi codo, mi laptop, mi celular, todos mis documentos -ya saben lo engorroso que es el cacho de bloquear y sacar nuevos-, pruebas varias, etc). Me angustiaba, sobre todo, la idea de perder mi celular ... en él, tengo mensajes que no podría recuperar nunca, pero nunca jamás, y que me he preocupado con celo y ternura de atesorar, cuidar, amar y releer cada vez, siempre... La sola idea de perder esos mensajes (única huella viviente y tangible de una dedicación exclusiva de mi madre a mí) me llenaba de horror, pánico, angustia y una infinita tristeza. Ese miedo, sumado a la adrenalina y a mi convencimiento de que mis cosas son mías y que ningún desgraciado me las puede quitar, fueron, más que un ají, una mata de proyectiles (insertos en alguna parte... complete la oración xD) que me volvió biónica y me hizo correr con una fuerza endemoniada.


Seguí a los mentados imbéciles por dos cuadras... se separaron. Corrí tras el que tenía mi mochila (la cambiaron de mano mientras corrían, pero la táctica no dio resultado: iba tan rápido que logré ver quién se quedaba con ella). Grité desesperada a la gente en derredor para que lo detuvieran. Con la solidaridad característica del buen chileno, abrieron paso para que el ladrón pudiera correr tranquilo y yo pudiera seguirlo también en paz. Finalmente, y al doblar la esquina de la segunda cuadra corrida, alguien hizo algo (el trauma no me permite recordar si fue combo, patada o kame hame ha), y el ladrón tiró el cuerpo del delito en medio de la calle, el "alguien" lo recogió y se dirigió a mí para devolvérmelo... La corrida olímpica valió la pena.


Recuperé mis cosas, y me enteré de que el asalto había sido en uno de los focos delictivos más peligrosos de Santiago Centro. De más está decir que Murphy era consecuente con su ley y que ningún carabinero estaba cerca. Luego, los comentarios de siempre: que la sociedad es una mierda, que cada vez hay más delincuencia, que subieron el precio del pan, que cambien a la presidenta, etc...


El susto pasó... Mi amiga, que me vino a alcanzar cuando ya tenía de vuelta mis pertenencias, me dijo "no te dejo ir sola a tu casa, vamos a la mía". Una vez en el bus (que por cierto, de haber llegado presto, nos hubiera ahorrado la maratón "salva-tus-cosas"), le dije, en son de broma "Ah! te sigo contando lo que te decía antes de esto"... Plop para ella, que me miró horrorizada y me preguntó si estaba medianamente consciente de lo sucedido. Lo estuve al día siguiente, primero, con los cardenales en mis rodillas producto de arrastrarme por el suelo; segundo, cuando al cambiar mis cosas de mochila, descubrí en la base de la que me intentaron robar un punzazo que probablemente se dirigía a mí en el momento que forcejeaba con los delincuentes.


No sé a qué o a quién agradecer por esto. Sólo puedo decir que aún estoy impresionada de haber recuperado lo que llegué a creer perdido mientras corría. Mis alumnos me dicen, entre otros motes, "La Profe Extreme"... creo que esa tarde lo confirmé... xD


Si ahora razono en torno a lo ocurrido, me doy cuenta de que la decisión de correr fue lo más descabellado que podía haber hecho (me exponía totalmente a una agresión muchísimo mayor). Sin embargo, reconozco que quizás correría en caso de que me vuelva a ocurrir. O sea, además de extrema, terca xD




Por eso me sentará de maravillas dejar Santiago. Queda poquito, muy poquito... xD




He dicho.
Susanística.


PD: La vivencia dio no sólo para la presente crónica, sino para un cuento en 100 palabras... No hay mal que por bien no venga, no? xD